Why Hospitals Want Patients to Ask Doctors, 'Have You Washed Your Hands?'
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¿Por qué quieren los hospitales que los pacientes les pregunten a los doctores ¿Ya se lavó usted las manos?
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Infections picked up in hospitals, nursing homes and doctor's offices affect more than 1 million patients and are linked to nearly 100,000 deaths a year.
By Laura Landro
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as infecciones adquiridas en los hospitales, los asilos y los consultorios afectan a más de un millón de pacientes y están asociadas con cerca de cien mil muertes al año, en los Estados Unidos.
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Most patients wouldn't dare to ask their doctor to wash his or her hands. But with growing concerns about antibiotic-resistant germs, it's more critical than ever. WSJ's Laura Landro and Premier Safety Institute Vice President Gina Pugliese explain.
It's a simple enough request, but for patients and families who feel vulnerable, scared or uncomfortable in a hospital room, the subject can be too intimidating to even bring up with a doctor or nurse: Have you washed your hands?
Hospitals are encouraging patients to be more assertive, amid growing concern about infections that are resistant to antibiotics.
Strict hand hygiene measures are the gold standard for reducing infections associated with health care. Acquired primarily in hospitals but also in nursing homes, outpatient surgery centers and even doctor's offices, they affect more than one million patients and are linked to nearly 100,000 deaths a year, according to the Centers for Disease Controland Prevention.
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La mayor parte de los pacientes no se atreverían a pedirle a su médico que se lavara las manos. Pero con la preocupación creciente sobre los microorganismos resistentes a los antibióticos, eso es de lo más importante. Laura Ladro, del Wall Street Journal, y Gina Pugliese, vicepresidenta del Premier Safety Institute (Instituto Premier para la Seguridad), explican por qué.
Es una petición bastante simple, pero para los pacientes y sus familias, quienes se sienten vulnerables, temerosos o incómodos en un cuarto de hospital, el tema puede ser demasiado intimidante para insinuarlo a un médico o enfermera: ¿Ya sé lavó usted las manos?
Los hospitales están animando a los pacientes a ser más asertivos, en medio de la preocupación creciente por las infecciones resistentes a los antibióticos.
Las medidas estrictas de higiene de las manos son el estándar de oro para reducir las infecciones asociadas con la atención médica. Adquiridas sobre todo en hospitales, pero también en asilos, centros de cirugía ambulatoria y consultorios, afectan más de un millón de pacientes y están ligadas con casi cien mil muertes cada año, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.
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The CDC aims to engage both patients and caregivers in preventing dangerous hospital infections.
Yet despite years of efforts to educate both clinicians and patients, studies show hospital staff on average comply with hand-washing protocols, including cleansing with soap and water or alcohol-based gels, only about 50% of the time. Two new studies show patients aren't much more comfortable today than a decade ago with the idea of asking doctors and medical staff to lather up.
Hospitals have reduced certain infections over the past four years with measures such as removing unnecessary catheters and washing a patient's skin before surgery with antibacterial soap. Some have lifted hygiene compliance to nearly 100% with strict "wash in, wash out" protocols, and some have designated unidentified staffers to secretly monitor co-workers. Some hospitals link merit increases to compliance and temporarily suspend clinical privileges of doctors who ignore the rules, says Gina Pugliese, vice president of the Safety Institute at hospital purchasing alliance Premier Inc. According to a 2010 study, a disciplinary program at the University of Kentucky Medical Center in Lexington that included suspending doctors' privileges led to improved compliance rates.
More hospitals have turned to electronic sensors, thermal imaging and video cameras to monitor hand hygiene, and some are issuing badges that wirelessly record staffers' use of hand hygiene stations before entering a patient room. Some monitoring systems emphasize patient engagement and sound an electronic alert to remind patients to speak up when a staffer enters the room.
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Los CDC quieren involucrar a los pacientes y cuidadores en la prevención de las peligrosas infecciones de hospital.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos para educar tanto a los clínicos como a los pacientes, los estudios demuestran que en promedio el personal de los hospitales cumple los protocolos de lavado de manos con agua y jabón o con geles de alcohol tan sólo el 50 por ciento de las veces. Dos nuevos estudios muestran que hoy en día los pacientes no se sienten más a gusto que hace 10 años con la idea de pedir a los médicos y el personal médico que se enjabonen.
Los hospitales han reducido algunas infecciones en los últimos cuatro años, con medidas tales como quitar las sondas no necesarias y lavar la piel de los pacientes con jabón antiséptico antes de la cirugía. Algunos han elevado el cumplimiento de la higiene a cerca del cien por ciento con protocolos de lavarse al entrar y al salir. Algunos han designado a miembros no identificados del personal a que vigilen a sus colegas en secreto. Algunos hospitales asocian estos incrementos a la suspensión temporal de los privilegios clínicos a los médicos que ignoran las reglas, dice Gina Pugliese, vicepresidenta del Instituto de Seguridad Premier. Según un estudio de 2010, un programa disciplinario que incluyó la suspensión de privilegios en el Centro Médico de la Universidad de Kentucky en Lexington, condujo a mejorar las tasas de cumplimiento.
Más hospitales han recurrido a sensores electrónicos, imágenes térmicas y video cámaras para vigilar la higiene. Algunos usan gafetes que registran, en forma inalámbrica, el uso de las estaciones de lavado de manos a la entrada de la habitación del paciente. Algunos sistemas de monitoreo enfatizan la participación del paciente y suenan una alerta electrónica para recordar a los pacientes que hablen en cuanto un miembro del personal entra al cuarto.
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A CDC poster aims to raise patient awareness of the role of hand washing in preventing infection and encourages patients to speak up to hospital staffers each time they enter the room.
The CDC has provided 16,000 copies of a video, titled "Hand Hygiene Saves Lives," to be shown to patients at admission. In one scenario, a doctor comes into a room and the patient's wife says, "Doctor, I'm embarrassed to even ask you this, but would you mind cleansing your hands before you begin?" The doctor replies, "Oh, I washed them right before I came in the room." The wife says, "If you wouldn't mind, I'd like you to do it again, in front of me."
After patients at 17 hospitals run by Cincinnati-based Catholic Health Partners watched the video, there was a rise in both the proportion of patients asking staffers to wash their hands, and physicians and nurses reporting that they were asked, according to a 2010 study. "Hand hygiene is probably the most important thing health-care workers can do to protect their patients from infection," says John Jernigan, director of the CDC's hospital infection-prevention efforts who appears in the video. When patients speak up, it helps create "a culture of safety," he says.
The nonprofit Association for Professionals in Infection Control and Epidemiology is kicking off a campaign this month including posters mailed to 15,000 hospitals with tips on how patients can take an active role. It suggests asking staff about hand hygiene and requesting that hospital rooms be cleaned if they appear dirty.
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Un cartel de los CDC tiene como objetivo elevar la consciencia de los pacientes sobre la importancia del lavado de las manos en la prevención de la infección y anima a los pacientes a que hablen con el personal del hospital cada vez que entren a su cuarto.
Los CDC han hecho 16 mil copias de un video titulado “La Higiene de las Manos Salva Vidas,” para que se exhiba a los pacientes a su ingreso. En una escena, un médico entra al cuarto y la esposa del paciente dice:“Doctor, me apena pedirle esto, pero ¿sería tan amable de lavarse las manos? El doctor replica: “Me las lavé antes de entrar” La esposa dice: “Si no le importa, me gustaría que lo hiciera de nuevo frente a mí.”
Desde que los pacientes de 17 hospitales que pertenecen a Asociados Católicos para la Salud, con base en Cincinnati vieron el video, aumentó el número de quienes le pedían a los miembros del personal que se lavaran las manos, y los médicos y enfermeras refirieron que se les pedía, dijo un estudio realizado en 2010. “La higiene de las manos es, probablemente, lo más importante que los trabajadores de la salud pueden hacer para proteger a sus pacientes de las infecciones,” dice en el video John Jernigan, quien dirige los esfuerzos de los CDC para prevenir la infección en hospitales. El que los pacientes hablen ayuda a crear una cultura de la seguridad, dice.
La Asociación de Profesionales para el Control y Epidemiología de las Infecciones, no lucrativa, está iniciando una campaña este mes, la cual incluye carteles que son enviados por correo a 15 mil hospitales, con sugerencias de cómo los pacientes pueden desempeñar un papel activo [en ese sentido]. Sugiere que se pregunte al personal acerca de la higiene de las manos y se solicite el aseo de los cuartos en caso de que parezcan sucios.
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"We've been focusing on intensive interventions to improve hand hygiene among health-care workers for decades, yet we've really shown very little progress," says Carol McLay, a Lexington, KY, infection prevention consultant and chair of the committee that designed the campaign. "We are trying to empower patients and families to speak up and understand their role."
At some hospitals, posters, bedside placards and buttons for staffers say, "Ask me if I've washed my hands." Susan Coffin, a pediatric infectious disease physician at the Children's Hospital of Philadelphia, says while many efforts are made in good faith, they are "insufficient to overcome some of these barriers." She is co-author of a study, published in June in the American Journal of Infection Control, which found that 84% of parents were aware of infection risk yet only 67% would remind a health-care worker to wash their hands, most often because of concern about appearing rude or undermining authority. Yet 92% of parents said if a health-care worker invited reminders, they would be more likely to do so. The hospital is "trying to make it a more active conversation," Dr. Coffin says. Admission packets offer detailed information on hand hygiene and nurses tell families that staffers welcome questions about hand washing.
In a study published in September in the journal Infection Control and Hospital Epidemiology, one-third of patients surveyed at the University of Pittsburgh Medical Center said they observed doctors failing to wash their hands, but nearly two-thirds said nothing to their doctor about hand hygiene. Most didn't believe it was their role to do so and said they felt embarrassed or awkward and worried about reprisal.
Patients are more likely to ask nurses about hand hygiene, says Gregory Bump, associate professor of medicine. "There is something about the white-coat barrier that makes them reluctant to challenge doctors." Physicians may resist assertive patients and seem unreceptive or even hostile to a question about hand washing, he says.
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“Nos hemos enfocado en intervenciones intensivas para mejorar la higiene de las manos entre los trabajadores de la salud, sin embargo, realmente hemos logrado poco,” dice Carol McLay, consultante para la prevención de infecciones, en Lexington, KY, y directora del comité que diseñó esa campaña. “Estamos tratando de empoderar a los pacientes y a sus familias para que se atrevan a hablar y comprendan el papel que les corresponde.”
En algunos hospitales, los carteles, placas al lado de la cama y botones para el personal, dicen: “Pregúnteme si ya me lavé las manos.” Susan Coffin, infectóloga pediátrica en el Hospital del Niño en Filadelfia, dice que aunque muchos esfuerzos son de buena fe, son “insuficientes para vencer las barreras que existen.” Susan es co-autora de un estudio, publicado en junio en el American Journal of Infection Control, que encontró que 84 por ciento de los padres saben del riesgo [que existe] y sin embargo, sólo el 67 por ciento recuerdan al personal que se lave las manos, la mayoría de las veces porque temen parecer descorteses o desafiantes de la autoridad. Aun así, el 92 por ciento de los padres dicen que si el personal portara un recordatorio, sería más probable que lo hicieran. El hospital está tratando de que [el asunto[ “se convierta en un [tema de] conversación más activo,” dice la doctora Coffin. Los paquetes de admisión ofrecen información acerca de la higiene de las manos, y las enfermeras dicen a los familiares que el personal agradecerá que se le cuestione acerca del lavado de las manos.
En un estudio que se publicó en septiembre en la revista Infection Control and Hospital Epidemiology, un tercio de los pacientes entrevistados en el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh dijeron que habían notado que sus médicos no se lavaban las manos, pero cerca de dos tercios no le dijo nada al doctor, acerca de la higiene de las manos. La mayor parte no creían que era su papel hacerlo y dijeron que se sentían raros o con vergüenza y que temían represalias.
Es más probable que los pacientes pidan a las enfermeras que se laven, dice Gregory Bump, profesor asociado de medicina. “Hay algo en la bata blanca que hace que duden de retar a los médicos.” Puede ser que los médicos se resistan ante los pacientes asertivos y parezcan poco receptivos o hasta hostiles ante los cuestionamientos acerca del lavado de manos, dice.
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Patients, instead of receiving information about infections and hand washing, would prefer havingstaffers wear a button or light to indicate whether his or her hands had been washed, the study also found. UPMC is developing a system to measure and track hand-washing compliance, as well as computerized verbal reminders to patients to ask the employee to clean their hands when they enter the room.
Michael Gettes, 50, has been hospitalized several times and says he has never had to remind Dr. Bump, his primary physician, to wash his hands. He has asked other hospital staffers to do so. One doctor reacted negatively. "It put our relationship on a bad footing," Mr. Gettes says. "Yes, you run the risk of upsetting someone who has been taking care of you. But it is my life. If they make a mistake I am impacted or I die."
Gail Ulager, a 72-year-old kidney transplant recipient at UPMC, says she worries about the possibility of infection because she is taking drugs that suppress her immune system to prevent rejection of her new organ. She found a way to give the message to doctors, nurses and even her dentist without seeming disrespectful. "I always tell them that the transplant center insists that everyone washes their hands" she says.
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El estudio también encontró que los pacientes, en lugar de recibir información acerca de las infecciones y el lavado de manos, preferirían que el personal llevara un botón o una luz que indicara si se lavaron las manos. El Centro Médico de la Universidad de Filadelfia (UPMC) está desarrollando un sistema para medir y dar seguimiento al cumplimiento del lavado de manos, así como recordatorios verbales computarizados que piden al empleado que se lave las manos en cuanto entra a una habitación.
Michael Gettes, de 50 años, ha estado hospitalizado varias veces y dice que nunca ha tenido que recordar al doctor Bump, su médico de cabecera, que se lave las manos. Él sí ha pedido a otros miembros del personal que lo hagan. Hubo un médico que reaccionó negativamente: “Perjudicó nuestra relación,” explicó Gettes. “Y sí, se corre el riesgo de que alguien que está a tu cuidado se enoje. Pero se trata de mi vida. Si cometen un error, podría impactarme o matarme.”
Gail Ulager, un trasplantado de riñón, de 72 años, en el UPMC dice que le preocupa la posibilidad de infección, porque está tomando inmunosupresores para evitar el rechazo del órgano trasplantado. Encontró una forma de pasar el mensaje a los médicos, enfermeras o dentistas sin parecer irrespetuosa: “Lo que les digo es que el centro de trasplantes me exige que le diga a todos que se laven las manos.”
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Reflexiones sobre vida, fe, esperanza, amor, educación, cuidados personales y de otras personas.
martes, 1 de octubre de 2013
¡A lavarse las manos!
martes, 21 de mayo de 2013
La Ciencia en mi Vida
Propuesta para trabajo final
Del curso “Pensamiento Científico”
que imparte el Dr. Carlos Gershenson.
que imparte el Dr. Carlos Gershenson.
Mi vida
To begin my life with the beginning of my life,
I record that I was born...
I record that I was born...
Charles Dickens. 1850. David Copperfield.
London. Bradbury & Evans.
Mi vida comenzó en noviembre 1943.
Era lunes. Eran las once de la mañana.
Para no abusar de mi eminente
contemporáneo, mencionaré ahora rasgos de mi vida que pueden tener relación con
la ciencia, y diré cómo la ciencia puede tener relación con mi vida, que no es
lo mismo, pero es igual.
Mi padre fue médico y mi madre
educadora de párvulos. No todos los médicos ni todas las educadoras son
personas cercanas a la ciencia. No sabría decir que tanto lo eran mis padres. Puedo
afirmar que él fue un devorador de libros; llegó a reunir cerca de cuatro mil
volúmenes, la mayor parte comprados en el centro de la ciudad de México, en
librerías de viejo, a muchos los mandó encuadernar con tapas rígidas, percalina
con lomos de piel, bellas guardas entre las hojas originales y las cubiertas.
Ella no leía tanto, pero escribía mucho, con bella caligrafía. Puedo decir que
mi padre me enseñó a leer, aunque no lo hizo desde las primeras letras, y que mi
madre me enseñó a escribir, desde los trazos primeros, con tan buen resultado,
que mi letra manuscrita es muy legible.
No obstante haber sido en la escuela un alumno
aplicado, mostré más iniciativa que disciplina. La gente esperó de mí
una variedad de cosas que no cumplí. Estudié medicina por dar gusto a papá,
pero como me agradó, continué con
empeño y después de alguna práctica de especialidades, me inicié en la clínica.
En el camino dediqué tres años a un doctorado en la Universidad de Sussex,
Inglaterra; en Ingeniería Biomédica. Trabajé como “profesor-investigador” en la UAM-Iztapalapa, Área de Ingeniería
Biomédica. Afirmo, sin pena, que la investigación y la tecnología no fueron mi
fuerte y que, en cambio, disfruté mucho la docencia y la administración
académica. Simultáneamente, realicé pruebas funcionales respiratorias en el
Servicio de Neumología del Hospital General de México, fundé y dirigí el
Departamento de Ingeniería Biomédica de ese hospital, y atendí un consultorio
médico privado como internista y neumólogo.
A partir del año 2000 dejé mi trabajo hospitalario y universitario. Seguí en la práctica privada por diez años más, y desde 2010 soy médico en un asilo para ancianos cerca de San Miguel Allende, Guanajuato.
Me gusta estar al tanto de
avances científicos y tecnológicos leyendo cada mes el Scientific American. Consulto y estudio en Internet lo que necesito
para atender a los ancianos. Soy un observador cuidadoso de lo que ocurre en
torno mío. Me fascina identificar planetas y constelaciones en el cielo
nocturno. Impartí cursos en línea a maestros de media superior; entonces estudié
pedagogía y epistemología, de manera autónoma. Imparto anualmente un curso a
público general, sobre cuidados al adulto mayor; he ido mejorando el programa y
los materiales didácticos; estudio todo lo relativo al cuidado habitual,
especial y médico de las personas ancianas y lo confronto con mi experiencia
cotidiana.
La ciencia
On fait la
science avec des faits, comme on fait une maison avec des pierres;
mais une accumulation de faits n'est pas plus une science
qu'un tas de pierres n'est une maison.
mais une accumulation de faits n'est pas plus une science
qu'un tas de pierres n'est une maison.
En este curso he aprendido acerca
de lo que es y lo que no es la ciencia. He reafirmado mi opinión de que la
ciencia es algo que está al alcance de cualquier persona. Que, aunque recibe
impulso indudable de quienes le dedican su vida en laboratorios, observatorios
y campo abierto; aunque se alimenta de miles de publicaciones en todas las
lenguas y en todos los países; aunque posee un acervo incalculable de
información organizada y sistematizada; tiene mucho que ver con todo lo que
observamos, hacemos, intuimos, pensamos, probamos y sabemos.
En particular me entusiasmó volver a encontrarme con lo que, desde el enfoque sistémico hasta el pensamiento complejo, ha hecho que la ciencia sume a su afán de analizar y diseccionar, un esfuerzo creciente por sintetizar, incluir un número grande de objetos e interacciones, estudiar las cosas como conjuntos de componentes inter-relacionados, cuyo pasado y futuro es casi imposible de conocer.
En particular me entusiasmó volver a encontrarme con lo que, desde el enfoque sistémico hasta el pensamiento complejo, ha hecho que la ciencia sume a su afán de analizar y diseccionar, un esfuerzo creciente por sintetizar, incluir un número grande de objetos e interacciones, estudiar las cosas como conjuntos de componentes inter-relacionados, cuyo pasado y futuro es casi imposible de conocer.
Si scientia, scientiae
significa ciencia, conocimiento, habilidad;
si el verbo scio, scire significa conocer,
saber, comprender; si el adjetivo sciens, scientis significa conocedor, entendido, experto, hábil;
si la ciencia no está encerrada en bibliotecas y laboratorios de universidades
y tecnológicos. Entonces mi vida tiene mucha relación con la ciencia y la
ciencia tiene mucha relación con mi vida.[3]
[2] La ciencia se construye con hechos, como una casa se construye con piedras; pero un cúmulo de hechos no es ciencia más que lo que un montón de piedras es casa. Henri Poincaré. (1854-1912). Citado por: http://goutte-de-science.net/blog/tag/henri-poincare/
[3]
Adapté la Paradoja del Gato con Mantequilla, de: http://goutte-de-science.net/blog/le-paradoxe-felino-tartinique/, de donde copié la
ilustración.
domingo, 12 de mayo de 2013
Verdad, verdad científica y verdad compleja
Pensé que les interesaría este ensayo que acabo de presentar
como tarea en el curso que imparte Carlos Gershenson en coursera https://class.coursera.org/ciencia-001/class/index.
Me alegrará recibir sus comentarios.
Τί ἐστιν ἀλήθεια
La respuesta es bastante obvia. Los tobillos y parte de las pantorrillas de una dama, a principios de la segunda década del siglo XX, cuando se puso de moda la falda un poco más corta de lo que se usó hasta poco antes.
Comienzo con esta digresión para
hacer notar algo que afirma Carlos Gershenson en los materiales que pone a nuestra
consideración esta semana: «las cosas
pueden ser vistas desde perspectivas diferentes».
Las medias que porta la elegante
dama admiten distintos puntos de vista. Por ejemplo:
· El del caballero, que cabe dentro
de la clase descrita por la expresión «ojo
alegre».
· El de las damas de la época, deseosas
de estar a la moda para de despertar el interés de los hombres y la envidia de
otras mujeres.
· El del empresario interesado en la
comercialización de las medias.
· El del técnico textil, quien
encontró en la seda el material idóneo para obtener, al tejerlo, la apariencia,
resistencia y elasticidad adecuadas.
· El de los productores de la
materia prima (sericicultores), la maquinaria (ingenieros) y las técnicas para
la producción (técnicos textiles) y el embalaje de las medias.
· El de los especialistas en
mercadotecnia y publicidad (como quiera que se les conociera entonces).
Sin llamarle aún «ciencia de materiales,» el interés del
ser humano en las fibras es anterior a la historia. La arqueología nos ha dado
a conocer el empleo de fibras de origen animal, vegetal o mineral, solas,
mezcladas entre sí o unidas a otros componentes, en aplicaciones tan variadas
como el vestido, la alfarería y la construcción. Recientemente se ha prestado
interés más científico a otros aspectos del mismo asunto y a otros
relacionados. Por ejemplo, en el capítulo 16 del libro Metal, Ceramic and Polymeric
Composites for Various Uses, editado por John Cuppoletti, Loh y
Tan revisan interesantes aspectos de las propiedades, producción
amigable al ambiente y aplicaciones de las fibras naturales o sintéticas.[3] Incluso se ha utilizado modelos
geométricos con la intención de predecir las propiedades elásticas de los
textiles.[4]
Una misión indudable y esencial de
la ciencia es la de encontrar y describir leyes naturales. Para ello, el
pensamiento y la práctica de la ciencia se ha dedicado, desde el siglo XVII, a
analizar los fenómenos, esto es a disgregarlos, aislar sus partes, estudiarlos
en ambientes controlados, y crear modelos que atienden, uno a uno, diferentes
aspectos de interés. A través de ello ha formulado leyes que tienen amplia
aplicación. Y lo seguirá haciendo.
Pero cada vez es más obvio que hay
fenómenos que no se prestan fácilmente al análisis reduccionista. Desde
mediados del siglo pasado se ha venido generalizando el concepto de sistema
para nombrar a los conjuntos de componentes interrelacionados de tal manera que entre todos tienen
propiedades y funciones que no existirían sin esa interrelación.[5] Edgar
Morin ha insistido en que la verdad es compleja, y en que también lo es el
conocimiento de la verdad.[6]
El anuncio publicitario mostrando un caballero que mira y admira lo
que, envuelto en las medias de seda Phoenix, se deja ver entre la falda y los
zapatos de la dama, no puede concebirse sin la acción recurrente de un universo
que da origen a ese caballero, aquella dama, un peculiar momento histórico y
cultural, la historia del conocimiento de la seda y de su industria, la moda
femenina y sus dictados, y una evolución material y mental capaz de preservar
lo mismo la mirada instintiva de unas piernas, que la mirada intelectual de ese
gracioso anuncio desde el punto de vista de la complejidad cultural y
científica contemporánea.
Tarea
que presenta Fernando Prieto Hernández,
en la segunda semana del curso Pensamiento Científico,
que imparte el Dr. Carlos Gershenson.
en la segunda semana del curso Pensamiento Científico,
que imparte el Dr. Carlos Gershenson.
[1]
¿Qué es la verdad?
El Evangelio de Juan. Capítulo 18, versículo 38. En el Evangelio de Juan, esta
pregunta, hecha por Poncio Pilato a Jesús, quedó sin respuesta, como también
queda sin respuesta en el texto que nos obsequia Carlos Gershenson en esta
segunda semana del curso. La palabra griega ἀλήθεια (aléthia, la Verdad) puede
ser definida de manera objetiva, como aquello que es verdadero en referencia a
cualquier asunto, o de manera subjetiva, como la franqueza y sinceridad que se
oponen a la simulación y el engaño.
[3] Kelvin Loh and Willy Tan (2011). Natural Silkworm-Epoxy Resin
Composite for High Performance Application, Metal, Ceramic and Polymeric
Composites for Various Uses. En Metal, Ceramic and Polymeric
Composites for Various Uses (2011) John
Cuppoletti (Ed.), ISBN: 978-953-307-353-8, InTech, DOI: 10.5772/22338. Disponible
en: http://www.intechopen.com/books/metal-ceramic-and-polymeric-composites-for-various-uses/natural-silkworm-epoxy-resin-composite-for-high-performance-application.
[4] Jeng-Jong Lin (2010). Prediction of Elastic Properties of Plain
Weave Fabric Using Geometrical Modeling, en: Woven Fabric Engineering,
Polona Dobnik Dubrovski (Ed.), ISBN: 978-953-307-194-7, InTech, Disponible en: http://www.intechopen.com/books/woven-fabric-engineering/prediction-of-elastic-properties-of-plain-weavefabric-using-geometrical-modeling.
[5] Ludwig
von Bertalanffy (1951). General system theory - A new approach to the
unity of science (Symposium). Human Biology 23
(Dec): 303-361.
[6]
Edgar Morin (2004) La Epistemología de la Complejidad.
Gazeta de Antropología 20 (2): 1-14.
Rescatado el 11 de mayo de 2013. Disponible en versión html en: http://digibug.ugr.es/html/10481/7253/G20_02Edgar_Morin.html, o en versión PDF en: http://digibug.ugr.es/html/10481/7253/G20_02Edgar_Morin.pdf.
lunes, 27 de abril de 2009
Para mirar otros tiempos y culturas.
Respeto y cordura.
Si es cierto que no debemos confiar en nuestros sentidos ni en nuestro juicio respecto de lo que observamos directamente, más cautos aún debemos ser cuando nos asomamos a otros tiempos o culturas.
La ilusión óptica es un caso muy conocido en que lo que creemos ver no corresponde con la realidad según puede ser constatada por medios más objetivos que nuestro juicio. Ninguno de los otros sentidos está libre de parecidos espejismos, los ejemplos abundan.
Fe versus credulidad.
Mi madre (siempre orgullosa de su fe) solía decir que la gente hoy en día es poco creyente, pero sumamente crédula. Esta tendencia a creer lo que escuchamos y leemos, se ve incrementada cuando proviene de:
a. un medio masivo de comunicación,
b. alguna autoridad reconocida,
c. alguien a quien tenemos aprecio.
Hipermetropía mental.
Una variante de esta propensión es la que he querido denominar hipermetropía mental, por analogía con cierto trastorno visual. Consiste en la dificultad para pensar desde lo que tenemos más cerca, mientras que se privilegia de modo sistemático a referentes que ajenos, pero a los cuales se atribuye autoridad.
Miopía mental.
Existe también el problema contrario. La miopía mental, que sería la incapacidad para penetrar intelectualmente más allá del entorno cercano.
Sordera tonal mental.
Conviene tener presente que las diferencias culturales no implican necesariamente lejanía espacial. Muy cerca de nosotros en el sentido físico, hay una diversidad grande, en la cual no solemos reparar. Por analogía, asocio la indisposición a percibir las diferencias con un conocido disturbio auditivo y le doy el nombre de sordera tonal mental. La comparación es pertinente, porque el problema auditivo al que me refiero, más que un defecto físico del oído es producto de una carencia educativa que padece la persona no aprendió, desde temprana edad, a distinguir las características de los sonidos.
Conciencia de contexto.
No hay que juzgar costumbres, pensamientos y culturas como si perteneciesen a nuestro tiempo y entorno, sino situarse en el contexto adecuado. No es esa tan sólo una norma de la Historia como ciencia, sino una condición indispensable para poder apreciar la manera en la que las corrientes de pensamiento hoy superadas han desbrozado parte del camino de la humanidad hacia la posición en la que hoy se encuentra. Se puede así encontrar apoyo en ellas, sin abandonar una postura desde la cual se pueda expresar aprobación o disensión donde sea apropiado.
También en esa forma vamos a entender mejor cómo y contra cuáles fuerzas tuvieron que contender quienes nos han precedido en la lucha, en qué casos y por qué se alcanzó el éxito o se perdió la batalla; de qué manera el poder político y social lograron neutralizar los esfuerzos de cambio y utilizar la energía revolucionaria para su propia reconstrucción; cómo sucedió, en fin, que los revolucionarios se hayan convertido en opresores. Comprenderemos mejor cuáles son actualmente los poderes y circunstancias que se oponen a los ideales a los que aspiramos, su origen, el modo en el que operan y cómo sería posible vencerles. El juicio crítico, habrá de indicarnos cuándo está justificado pensar que existe conexión entre teorías o prácticas pasadas y contemporáneas y cuándo no lo está, cuáles de sus ideas centrales (hasta dónde las conocemos actualmente) son de interés vital para nosotros y cuáles no.
Si es cierto que no debemos confiar en nuestros sentidos ni en nuestro juicio respecto de lo que observamos directamente, más cautos aún debemos ser cuando nos asomamos a otros tiempos o culturas.
La ilusión óptica es un caso muy conocido en que lo que creemos ver no corresponde con la realidad según puede ser constatada por medios más objetivos que nuestro juicio. Ninguno de los otros sentidos está libre de parecidos espejismos, los ejemplos abundan.
Fe versus credulidad.
Mi madre (siempre orgullosa de su fe) solía decir que la gente hoy en día es poco creyente, pero sumamente crédula. Esta tendencia a creer lo que escuchamos y leemos, se ve incrementada cuando proviene de:
a. un medio masivo de comunicación,
b. alguna autoridad reconocida,
c. alguien a quien tenemos aprecio.
Hipermetropía mental.
Una variante de esta propensión es la que he querido denominar hipermetropía mental, por analogía con cierto trastorno visual. Consiste en la dificultad para pensar desde lo que tenemos más cerca, mientras que se privilegia de modo sistemático a referentes que ajenos, pero a los cuales se atribuye autoridad.
Miopía mental.
Existe también el problema contrario. La miopía mental, que sería la incapacidad para penetrar intelectualmente más allá del entorno cercano.
Sordera tonal mental.
Conviene tener presente que las diferencias culturales no implican necesariamente lejanía espacial. Muy cerca de nosotros en el sentido físico, hay una diversidad grande, en la cual no solemos reparar. Por analogía, asocio la indisposición a percibir las diferencias con un conocido disturbio auditivo y le doy el nombre de sordera tonal mental. La comparación es pertinente, porque el problema auditivo al que me refiero, más que un defecto físico del oído es producto de una carencia educativa que padece la persona no aprendió, desde temprana edad, a distinguir las características de los sonidos.
Conciencia de contexto.
No hay que juzgar costumbres, pensamientos y culturas como si perteneciesen a nuestro tiempo y entorno, sino situarse en el contexto adecuado. No es esa tan sólo una norma de la Historia como ciencia, sino una condición indispensable para poder apreciar la manera en la que las corrientes de pensamiento hoy superadas han desbrozado parte del camino de la humanidad hacia la posición en la que hoy se encuentra. Se puede así encontrar apoyo en ellas, sin abandonar una postura desde la cual se pueda expresar aprobación o disensión donde sea apropiado.
También en esa forma vamos a entender mejor cómo y contra cuáles fuerzas tuvieron que contender quienes nos han precedido en la lucha, en qué casos y por qué se alcanzó el éxito o se perdió la batalla; de qué manera el poder político y social lograron neutralizar los esfuerzos de cambio y utilizar la energía revolucionaria para su propia reconstrucción; cómo sucedió, en fin, que los revolucionarios se hayan convertido en opresores. Comprenderemos mejor cuáles son actualmente los poderes y circunstancias que se oponen a los ideales a los que aspiramos, su origen, el modo en el que operan y cómo sería posible vencerles. El juicio crítico, habrá de indicarnos cuándo está justificado pensar que existe conexión entre teorías o prácticas pasadas y contemporáneas y cuándo no lo está, cuáles de sus ideas centrales (hasta dónde las conocemos actualmente) son de interés vital para nosotros y cuáles no.
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Conciencia de Contexto,
Perspectiva histórica
domingo, 26 de abril de 2009
Veritas Ipsa (La Verdad Misma)
Quiero comenzar el tema de la educación en la Nueva España con un relato chusco, que pone de manifiesto prejuicios tan comunes como ridículos, en relación con nuestro pasado colonial.
En una reunión, un mexicano poco cortés y menos acertado, se refiere con desdén, dirigiendo la palabra a una española, a las atrocidades que vinieron a hacer los antepasados de usted en estas tierras.
La española, sin perder la compostura, le responde: —¡Habrán sido sus antepasados, porque es obvio que los míos se quedaron en España!
No olvidemos, pues, al juzgar la conquista, la colonización y el período virreinal:
<> Los hechos objetivos (hasta donde el conocimiento histórico lo permita);
<> El contexto social, cultural e histórico en el cual ocurrieron;
<> Que la responsabilidad moral y material de una acción corresponde a quien la realiza y no se hereda a sus descendientes;
<> Que la mayor parte de los mexicanos somos de ascendencia mestiza.
Si se piensa en lo comunes y arraigados que son los los juicios arbitrarios que ignoran el tiempo, forma y circunstancias en las que sucedieron las cosas y utilizan una versión sesgada de la historia para sustentar odio y segregación, tal vez no se debería esperar que las cuatro recomendaciones que formulo tengan algún impacto.
Por ejemplo, me tocó, cuando era niño, escuchar, como argumento antisemita, el de que los judíos mataron a Nuestro Señor. Ni aun a mi corta edad encontré lógica en ese alegato, pero supongo que el que lo expresara algún adulto era ya indicativo de lo irracional que somos los Homo sapiens sapiens ¡Vaya petulancia esa de pensarnos doblemente sabios!
¿A qué vinieron los extranjeros?
H nach-i dzul significa fuereño (literalmente: de lejos vino) en la lengua maya de la época colonial.(1) No sé si la versión original del Chilam Balam de Chumayel utiliza precisamente esa expresión para nombrar a los extranjeros, cuando dice que vinieron acá a castrar el sol,(2) pero sí sé que el leerlo en la versión en castellano, causó en mí un impacto que no he podido olvidar. ¿Te sucedió lo mismo?
La bula Veritas ipsa (también llamada Sublimis Deus) que, con toda claridad y plena oportunidad, emitió el papa Pablo III en 1537, exige otra cosa: que conforme al mandato del Salvador, quien es la Verdad misma, que no puede engañarse ni engañarnos, viniesen a enseñar a todas las personas.(3)
Ya décadas antes algunos admirables europeos venían haciendo exactamente eso. Y lo siguieron haciendo en ciudades, pueblos y caseríos, en patios, atrios, escuelas y conventos. Contra fuerzas y ambiciones sin límite. Con absoluta buena fe.
La población indígena de las islas de las Indias Occidentales había sido casi exterminada en las dos décadas que siguieron al primer viaje de Colón. Preocupaba a algunos cristianos el deseo de evitar que algo semejante se repitiera al invadir el continente.
Así, cada imparable oleada de malechores y buscafortunas solía ser seguida por algunos bien intencionados frailes que acudían al rescate de los cuerpos y de las almas de los infortunados naturales. A ellos se fueron sumando sus discípulos de acá: indígenas, mestizos, criollos, negros.
Vinieron también numerosos seglares honrados, industriosos, resueltos, bondadosos. Y aunque la corrupción de los funcionarios no era cosa rara, muchos de ellos fueron probos, como también fue justo y bueno el gobierno de la mayor parte de los 62 virreyes que la Nueva España tuvo entre 1535 y 1821.(4)
Y es que los seres humanos no son de un sólo color espiritual, ni de dos, ni de tres. Una de las grandes riquezas humanas de todos los tiempos consiste en nuestra inmensa variedad.
El ir y venir entre Europa, América, Asia y África siguió y siguió durante más de 300 años, siempre acompañado de la labor educacional. Así que mucho es lo que cada uno de nosotros debería de conocer acerca de ello.
Pero sucede que la evangelización y la educación en el período virreinal, han sido tan estudiadas y discutidas y tienen tantas facetas, que es casi imposible rendir una visión sintética de su historia. En cambio es fácil repetir lo muy sabido, cometer errores graves por carecer del conocimiento profesional necesario y dejarse llevar por posiciones afectivas o ideológicas.
No obstante, no he querido que todos esos escollos me obliguen a eludir tan importantes antecedentes de la tarea educacional en México.
Evangelización, educación, enseñanza, escuelas, colegios.
Hay que tener presente que el contexto sociocultural fue variando a lo largo de los 300 años de virreinato, que se extienden prácticamente desde finales de la Edad Media hasta principios de la Contemporánea. La forma de interpretar los hechos tiene que ir variando en consecuencia.
Por ejemplo, el concepto de colegio conservaba en el siglo XVI mucho del significado que tuvo en la Edad Media: una congregación, más que una institución educativa. Aun en el caso particular de que el colegio tuviese entre sus finalidades el cultivar y difundir conocimientos y contara entre sus miembros con maestros y discípulos, en realidad se trataba de una congregación de estudiantes, o dicho de otra forma, de estudiosos, en la que nuestros conceptos de plan de estudios, aulas, materias y clases carecerían de sentido.
Algo parecido pasa con respecto al concepto de escuela. Ciertamente la estructura contemporánea en grados y niveles con sus respectivos profesores es una adquisición bastante reciente.
Además, la educación en general y la enseñanza en particular nunca han estado confinadas al medio escolar. En épocas pretéritas, menos aún que hoy en día.
En las escuelas virreinales, casi siempre cercanas a las iglesias o dentro de ellas, se tenía como cosa natural el procurar el aprendizaje de la lectoescritura, las artes y los oficios al tiempo que se enseñaba la doctrina cristiana a menores y adultos, con organización y métodos muy diferentes a los de nuestras escuelas públicas, privadas o parroquiales.
Cosa similar sucedió también con las universidades: fueron evolucionando, desde el tipo medieval centrado en relaciones colegiadas entre estudiantes y maestros y una estructura curricular relativamente laxa, que sin embargo no excluía las lecturas ni las lecciones, a la organización más sistemática que se gestó a partir del siglo XVIII y culminó en el XX y que ahora estamos pensando cómo reformar. De ahí que insista yo en rebatir la idea de que la reforma de la educación es lo de hoy, como si el cambio no hubiese estado ocurriendo de manera constante conforme cambiaba también el contexto social y cultural, las metas que se deseaba alcanzar, así como la manera de crear y de impartir el conocimiento.
Los pioneros.
Poco después de la destrucción de la gran Tenochtitlan llegaron a México fray Juan de Tecto y fray Pedro de Gante. Fray Juan de Ayora, quien vino con ellos, fundó en Texcoco la primera escuela del altiplano mexicano.
El el oidor don Vasco de Quiroga, que habría de llegar a ser obispo de Michoacán, llegó muy poco después de los tres pioneros. Es idea de él la organización de pueblos de indios, en ellos facilitó que los naturales adoptaran una organización civil pacífica y cristiana en la que convivían, aprendían, practicaban las artes y los oficios, encontraban alivio a sus enfermedades y aflicciones y se libraban de la esclavitud a la que pretendían someterlos los españoles. Uno de los primeros de estos pueblos fue el de Santa Fe, situado a unos diez kilómetros (dos leguas) de la ciudad de México. Silvio Zavala ha hecho parangón entre la Utopía de Tomás Moro y los pueblos de indios de Vasco de Quiroga y ha documentado numerosas referencias por parte de éste a la obra de aquél. Pero mientras que la Utopía fue tan solo un sueño, la obra de don Vasco se hizo realidad en muchos casos, duraderos y admirables.
Franciscano como Tecto y Gante, por orden del general de la orden, vino en 1524 fray Martín de Valencia con once más que él mismo eligió para que le acompañaran en su misión. Entre estos doce llegó Motolinia (fray Toribio de Benavente). Así, poco a poco, comenzó a formarse el torrente de hermanos menores que inció la tarea de evangelización y enseñanza en la Nueva España. Con variantes, sucedió algo parecido en cada lugar al que llegaba el impulso de conquista y colonización de los españoles en América.
El papa da vuelta a la tortilla.
Es digno de mención que en tiempos en los que prelados y potentados se llenaban la boca tachando a los indígenas de engendros de satán, el papa Paulo III (en la bula que mencioné antes) escribiera exactamente lo contrario: que «el enemigo del género humano... inventó un método... para impedir que la Palabra de Dios fuera predicada... y excitó a algunos de sus satélites, que deseando saciar su codicia, se atreven a afirmar que los indios... —con el pretexto de que ignoran la fe católica— deben ser dirigidos... como si fueran animales y los reducen a servidumbre urgiéndolos con tantas aflicciones como las que usan con las bestias». Y sentenció: «...determinamos y declaramos... que... todas las gentes que en el futuro llegaren al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidas a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor».3
¡Qué pena que en el año 1537 Paulo no tuviese la fuerza moral ni coercitiva necesarias para hacer cumplir esa determinación ni siquiera entre los católicos y menos aún entre muchos de los otros cristianos, libres ya del mando de Roma!
Los Jesuitas.
El mismo papa, a 3 años de la publicación de aquella bula, aprobó la constitución de una nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, fundada por el español Ignacio de Loyola. A los votos de pobreza, castidad y obediencia a los que se comprometían las demás órdenes religiosas, la Compañía agregaba la sumisión exclusiva y absoluta al papa. Esa norma despertó el recelo de monarcas y prelados por igual, pero dotó al pontífice de un instrumento selecto y poderoso y colocó a la Compañía en una posición privilegiada dentro de la Iglesia.
Medio siglo después de los primeros educadores franciscanos, llegaron a América los primeros jesuitas. El vínculo de los compañeros de Ignacio con la educación había comenzado muy tempranamente, tal vez desde 1537, pero el propósito de participar en la labor educacional no figuró en los primeros documentos de la Compañía.
Se señala el año de 1545 como el inicio de su interés por sistematizar la enseñanza secundaria. Adoptaron la pedagogía de la universidad de París, en la que varios de los miembros fundadores habían estudiado y en donde habían conocido a Ignacio. Los años posteriores a 1550 son testigos de la rápida expansión de los colegios jesuitas por Europa y América, después de lo cual sigue un esfuerzo para reglamentar el gobierno, los planes de estudio y la pedagogía en todos ellos.5
A partir de esos años y hasta la expulsión, acaecida en 1767, la Compañía de Jesús desempeñó un papel de primer orden en la tarea educacional en la Nueva España y en todos los otros virreinatos americanos.
No son pocos los nombres de jesuitas que destacaron en todas las ramas del saber de su tiempo en la América española, desde el siglo XVI hasta el XVIII, empapados todos ellos en el conocimiento de la historia, la cultura y la sociedad de estas tierras.
Pero los que alcanzaron mayor trascencencia son los que, desde el exilio dedicaron su mejor esfuerzo a combatir los errores, comunes en la Europa ilustrada, acerca de las tierras, las sociedades y la historia del continente y las islas de América.
Varios de ellos son considerados precursores de la independencia y del nacionalismo americano. Tal es el caso de Francisco Javier Clavijero, español de familia noble, quien fue catedrático de filosofía y letras y prefecto del colegio de San Ildefonso en la ciudad de México. Conoció a fondo la filosofía y la ciencia de su tiempo. Fue maestro de Miguel Hidalgo en el colegio de San Nicolás en Michoacán. Su obra Storia Antica del Messico (1780) dio a conocer aspectos muy importantes de la historia indígena y reivindicó a las culturas originarias de nuestro país a través de datos desconocidos por los europeos e inclusive por muchos americanos cultos.
A la misma generación pertenece Francisco Javier Alegre, veracruzano, quien enseñó filosofía en la Habana y se inició ahí en el estudio de las matemáticas y el inglés. Aprendió por su cuenta el latín, el griego, el hebreo y el nahuatl. Sus principales obras fueron la Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús en la Nueva España, la cual tuvo que reescribir en Italia, luego de la expulsión, sin contar para ello con las fuentes ni el manuscrito original, y las Instituciones Teológicas, que contiene un interesantes consideraciones acerca del origen del poder político del monarca y de la soberanía popular.
Las educadoras.
Se sabe que la reina Isabel de Castilla mostró, desde los primeros años del descubrimiento y conquista de América, interés especial en la educación de las niñas indígenas. Se conoce los nombres de Elena Medrano, Juana Gra y Catalina Flores y otras terciarias franciscanas que vinieron a América en el siglo XVI. También perteneció a la orden tercera Catalina Bustamante, fundadora de la primera escuela para niñas indias.
Exisiteron en varias ciudades de la Nueva España colegios para niñas peninsulares y criollas, a quienes se enseñaba a leer y escribir, y desde luego estaban los conventos, a los cuales ingresaban, desde muy temprana edad jovencitas criollas, indígenas o mestizas.
Hay que decirlo, aunque parezca obvio: la labor educacional de las mujeres y para las mujeres de la Nueva España no se llevó a cabo principal, ni menos exclusivamente en escuelas y conventos, sino sobre todo en los hogares, y estuvo a cargo de educadoras que no por estar ausentes de los libros de historia son menos importantes ni fueron menos dedicadas: las propias mujeres, en cada uno de los hogares del reino. Y fueron nada menos que ellas también quienes educaron durante los primeros cruciales años de la vida a los hombres novohispanos.
María Ignacia de Azlor y Echevers, rica mujer criolla de la segunda mitad del siglo XVII, ingresó a la Compañía de María principalmente con el interés de fundar en México un colegio para niñas, al cual se conoció con el nombre de Colegio del Pilar y Enseñanza de México. El edificio, muy hermoso, por cierto, todavía está en pie, en la calle de Donceles número 104. Desde luego que no fue éste el primer colegio de niñas en la Nueva España, pero sí un valioso aporte a la educación femenina, en pleno Siglo de las Luces y el inicio de un esfuerzo sistemático en esa dirección. La Compañía de María fundó escuelas también en otras ciudades del virreinato.
La Universidad.
Aunque toca a la Universidad de Santo Tomás de Aquino en la ciudad de Santo Domingo de Guzmán en la isla La Española (28 de octubre de 1538) ser la primera de América y a la Universidad de San Marcos en la ciudad de Lima, Perú (12 de mayo de 1551) la primera del continente. La Real y Pontificia Universidad de México fue fundada muy poco después (21 de septiembre de 1551).
La Universidad fue nido y sede del saber y de la vida estudiantil y académica durante los años del virreinato, pero no fue la primera ni la única. Antes de ella existieron en la Nueva España importantes centros de estudio, varios de los cuales fueron semilleros de clérigos sólidamente preparados y más tarde, transformados, cedieron la estafeta a instituciones civiles y universitarias que con razón se sienten descendientes de aquellos.
Al abanico de instituciones más o menos evolucionadas que encontró cuando llegó al reemplazo de los Hapsburgo, la monarquía borbónica del siglo XVIII se encargó de añadir nuevos establecimientos educativos, como la Real Academia de San Carlos (1783) para el cultivo de las artes y el Real Seminario de Minería (1792) para el impulso de la técnica y la ciencia aplicada.
El estudio del surgimiento y evolución de las instituciones de educación superior e investigación es en sí un tema que requeriría un estudio aparte y que presenta sus propias complicaciones. Por ello, no intento profundizar más en ello.
____________________________
1. Álvarez, Cristina. Diccionario Etnolingüístico del Idioma Maya Yucateco Colonial. 1997. UNAM. México. p. 429.
2. Mediz Bolio, Antonio. Libro del Chilam Balam de Chumayel: traducción del maya al castellano. Segunda Edición. 1998. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México. p. 59.
3. http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglLA/Paulo3_sublimis.htm (Consultado el 23 de abril de 2009).
4. http://es.wikipedia.org/wiki/Virrey_de_la_Nueva_España (Consultado el 26 de abril de 2009).
5. No se cometa el error de dar igual significado a las palabras colegio y escuela. Colegio en su sentido amplio significa un conjunto de personas que trabajan unidas para un mismo fin. Escuela ha significado más bien un centro de enseñanza. Ambos conceptos han ido evolucionando a través de los siglos.
En una reunión, un mexicano poco cortés y menos acertado, se refiere con desdén, dirigiendo la palabra a una española, a las atrocidades que vinieron a hacer los antepasados de usted en estas tierras.
La española, sin perder la compostura, le responde: —¡Habrán sido sus antepasados, porque es obvio que los míos se quedaron en España!
No olvidemos, pues, al juzgar la conquista, la colonización y el período virreinal:
<> Los hechos objetivos (hasta donde el conocimiento histórico lo permita);
<> El contexto social, cultural e histórico en el cual ocurrieron;
<> Que la responsabilidad moral y material de una acción corresponde a quien la realiza y no se hereda a sus descendientes;
<> Que la mayor parte de los mexicanos somos de ascendencia mestiza.
Si se piensa en lo comunes y arraigados que son los los juicios arbitrarios que ignoran el tiempo, forma y circunstancias en las que sucedieron las cosas y utilizan una versión sesgada de la historia para sustentar odio y segregación, tal vez no se debería esperar que las cuatro recomendaciones que formulo tengan algún impacto.
Por ejemplo, me tocó, cuando era niño, escuchar, como argumento antisemita, el de que los judíos mataron a Nuestro Señor. Ni aun a mi corta edad encontré lógica en ese alegato, pero supongo que el que lo expresara algún adulto era ya indicativo de lo irracional que somos los Homo sapiens sapiens ¡Vaya petulancia esa de pensarnos doblemente sabios!
¿A qué vinieron los extranjeros?
H nach-i dzul significa fuereño (literalmente: de lejos vino) en la lengua maya de la época colonial.(1) No sé si la versión original del Chilam Balam de Chumayel utiliza precisamente esa expresión para nombrar a los extranjeros, cuando dice que vinieron acá a castrar el sol,(2) pero sí sé que el leerlo en la versión en castellano, causó en mí un impacto que no he podido olvidar. ¿Te sucedió lo mismo?
La bula Veritas ipsa (también llamada Sublimis Deus) que, con toda claridad y plena oportunidad, emitió el papa Pablo III en 1537, exige otra cosa: que conforme al mandato del Salvador, quien es la Verdad misma, que no puede engañarse ni engañarnos, viniesen a enseñar a todas las personas.(3)
Ya décadas antes algunos admirables europeos venían haciendo exactamente eso. Y lo siguieron haciendo en ciudades, pueblos y caseríos, en patios, atrios, escuelas y conventos. Contra fuerzas y ambiciones sin límite. Con absoluta buena fe.
La población indígena de las islas de las Indias Occidentales había sido casi exterminada en las dos décadas que siguieron al primer viaje de Colón. Preocupaba a algunos cristianos el deseo de evitar que algo semejante se repitiera al invadir el continente.
Así, cada imparable oleada de malechores y buscafortunas solía ser seguida por algunos bien intencionados frailes que acudían al rescate de los cuerpos y de las almas de los infortunados naturales. A ellos se fueron sumando sus discípulos de acá: indígenas, mestizos, criollos, negros.
Vinieron también numerosos seglares honrados, industriosos, resueltos, bondadosos. Y aunque la corrupción de los funcionarios no era cosa rara, muchos de ellos fueron probos, como también fue justo y bueno el gobierno de la mayor parte de los 62 virreyes que la Nueva España tuvo entre 1535 y 1821.(4)
Y es que los seres humanos no son de un sólo color espiritual, ni de dos, ni de tres. Una de las grandes riquezas humanas de todos los tiempos consiste en nuestra inmensa variedad.
El ir y venir entre Europa, América, Asia y África siguió y siguió durante más de 300 años, siempre acompañado de la labor educacional. Así que mucho es lo que cada uno de nosotros debería de conocer acerca de ello.
Pero sucede que la evangelización y la educación en el período virreinal, han sido tan estudiadas y discutidas y tienen tantas facetas, que es casi imposible rendir una visión sintética de su historia. En cambio es fácil repetir lo muy sabido, cometer errores graves por carecer del conocimiento profesional necesario y dejarse llevar por posiciones afectivas o ideológicas.
No obstante, no he querido que todos esos escollos me obliguen a eludir tan importantes antecedentes de la tarea educacional en México.
Evangelización, educación, enseñanza, escuelas, colegios.
Hay que tener presente que el contexto sociocultural fue variando a lo largo de los 300 años de virreinato, que se extienden prácticamente desde finales de la Edad Media hasta principios de la Contemporánea. La forma de interpretar los hechos tiene que ir variando en consecuencia.
Por ejemplo, el concepto de colegio conservaba en el siglo XVI mucho del significado que tuvo en la Edad Media: una congregación, más que una institución educativa. Aun en el caso particular de que el colegio tuviese entre sus finalidades el cultivar y difundir conocimientos y contara entre sus miembros con maestros y discípulos, en realidad se trataba de una congregación de estudiantes, o dicho de otra forma, de estudiosos, en la que nuestros conceptos de plan de estudios, aulas, materias y clases carecerían de sentido.
Algo parecido pasa con respecto al concepto de escuela. Ciertamente la estructura contemporánea en grados y niveles con sus respectivos profesores es una adquisición bastante reciente.
Además, la educación en general y la enseñanza en particular nunca han estado confinadas al medio escolar. En épocas pretéritas, menos aún que hoy en día.
En las escuelas virreinales, casi siempre cercanas a las iglesias o dentro de ellas, se tenía como cosa natural el procurar el aprendizaje de la lectoescritura, las artes y los oficios al tiempo que se enseñaba la doctrina cristiana a menores y adultos, con organización y métodos muy diferentes a los de nuestras escuelas públicas, privadas o parroquiales.
Cosa similar sucedió también con las universidades: fueron evolucionando, desde el tipo medieval centrado en relaciones colegiadas entre estudiantes y maestros y una estructura curricular relativamente laxa, que sin embargo no excluía las lecturas ni las lecciones, a la organización más sistemática que se gestó a partir del siglo XVIII y culminó en el XX y que ahora estamos pensando cómo reformar. De ahí que insista yo en rebatir la idea de que la reforma de la educación es lo de hoy, como si el cambio no hubiese estado ocurriendo de manera constante conforme cambiaba también el contexto social y cultural, las metas que se deseaba alcanzar, así como la manera de crear y de impartir el conocimiento.
Los pioneros.
Poco después de la destrucción de la gran Tenochtitlan llegaron a México fray Juan de Tecto y fray Pedro de Gante. Fray Juan de Ayora, quien vino con ellos, fundó en Texcoco la primera escuela del altiplano mexicano.
El el oidor don Vasco de Quiroga, que habría de llegar a ser obispo de Michoacán, llegó muy poco después de los tres pioneros. Es idea de él la organización de pueblos de indios, en ellos facilitó que los naturales adoptaran una organización civil pacífica y cristiana en la que convivían, aprendían, practicaban las artes y los oficios, encontraban alivio a sus enfermedades y aflicciones y se libraban de la esclavitud a la que pretendían someterlos los españoles. Uno de los primeros de estos pueblos fue el de Santa Fe, situado a unos diez kilómetros (dos leguas) de la ciudad de México. Silvio Zavala ha hecho parangón entre la Utopía de Tomás Moro y los pueblos de indios de Vasco de Quiroga y ha documentado numerosas referencias por parte de éste a la obra de aquél. Pero mientras que la Utopía fue tan solo un sueño, la obra de don Vasco se hizo realidad en muchos casos, duraderos y admirables.
Franciscano como Tecto y Gante, por orden del general de la orden, vino en 1524 fray Martín de Valencia con once más que él mismo eligió para que le acompañaran en su misión. Entre estos doce llegó Motolinia (fray Toribio de Benavente). Así, poco a poco, comenzó a formarse el torrente de hermanos menores que inció la tarea de evangelización y enseñanza en la Nueva España. Con variantes, sucedió algo parecido en cada lugar al que llegaba el impulso de conquista y colonización de los españoles en América.
El papa da vuelta a la tortilla.
Es digno de mención que en tiempos en los que prelados y potentados se llenaban la boca tachando a los indígenas de engendros de satán, el papa Paulo III (en la bula que mencioné antes) escribiera exactamente lo contrario: que «el enemigo del género humano... inventó un método... para impedir que la Palabra de Dios fuera predicada... y excitó a algunos de sus satélites, que deseando saciar su codicia, se atreven a afirmar que los indios... —con el pretexto de que ignoran la fe católica— deben ser dirigidos... como si fueran animales y los reducen a servidumbre urgiéndolos con tantas aflicciones como las que usan con las bestias». Y sentenció: «...determinamos y declaramos... que... todas las gentes que en el futuro llegaren al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidas a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor».3
¡Qué pena que en el año 1537 Paulo no tuviese la fuerza moral ni coercitiva necesarias para hacer cumplir esa determinación ni siquiera entre los católicos y menos aún entre muchos de los otros cristianos, libres ya del mando de Roma!
Los Jesuitas.
El mismo papa, a 3 años de la publicación de aquella bula, aprobó la constitución de una nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, fundada por el español Ignacio de Loyola. A los votos de pobreza, castidad y obediencia a los que se comprometían las demás órdenes religiosas, la Compañía agregaba la sumisión exclusiva y absoluta al papa. Esa norma despertó el recelo de monarcas y prelados por igual, pero dotó al pontífice de un instrumento selecto y poderoso y colocó a la Compañía en una posición privilegiada dentro de la Iglesia.
Medio siglo después de los primeros educadores franciscanos, llegaron a América los primeros jesuitas. El vínculo de los compañeros de Ignacio con la educación había comenzado muy tempranamente, tal vez desde 1537, pero el propósito de participar en la labor educacional no figuró en los primeros documentos de la Compañía.
Se señala el año de 1545 como el inicio de su interés por sistematizar la enseñanza secundaria. Adoptaron la pedagogía de la universidad de París, en la que varios de los miembros fundadores habían estudiado y en donde habían conocido a Ignacio. Los años posteriores a 1550 son testigos de la rápida expansión de los colegios jesuitas por Europa y América, después de lo cual sigue un esfuerzo para reglamentar el gobierno, los planes de estudio y la pedagogía en todos ellos.5
A partir de esos años y hasta la expulsión, acaecida en 1767, la Compañía de Jesús desempeñó un papel de primer orden en la tarea educacional en la Nueva España y en todos los otros virreinatos americanos.
No son pocos los nombres de jesuitas que destacaron en todas las ramas del saber de su tiempo en la América española, desde el siglo XVI hasta el XVIII, empapados todos ellos en el conocimiento de la historia, la cultura y la sociedad de estas tierras.
Pero los que alcanzaron mayor trascencencia son los que, desde el exilio dedicaron su mejor esfuerzo a combatir los errores, comunes en la Europa ilustrada, acerca de las tierras, las sociedades y la historia del continente y las islas de América.
Varios de ellos son considerados precursores de la independencia y del nacionalismo americano. Tal es el caso de Francisco Javier Clavijero, español de familia noble, quien fue catedrático de filosofía y letras y prefecto del colegio de San Ildefonso en la ciudad de México. Conoció a fondo la filosofía y la ciencia de su tiempo. Fue maestro de Miguel Hidalgo en el colegio de San Nicolás en Michoacán. Su obra Storia Antica del Messico (1780) dio a conocer aspectos muy importantes de la historia indígena y reivindicó a las culturas originarias de nuestro país a través de datos desconocidos por los europeos e inclusive por muchos americanos cultos.
A la misma generación pertenece Francisco Javier Alegre, veracruzano, quien enseñó filosofía en la Habana y se inició ahí en el estudio de las matemáticas y el inglés. Aprendió por su cuenta el latín, el griego, el hebreo y el nahuatl. Sus principales obras fueron la Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús en la Nueva España, la cual tuvo que reescribir en Italia, luego de la expulsión, sin contar para ello con las fuentes ni el manuscrito original, y las Instituciones Teológicas, que contiene un interesantes consideraciones acerca del origen del poder político del monarca y de la soberanía popular.
Las educadoras.
Se sabe que la reina Isabel de Castilla mostró, desde los primeros años del descubrimiento y conquista de América, interés especial en la educación de las niñas indígenas. Se conoce los nombres de Elena Medrano, Juana Gra y Catalina Flores y otras terciarias franciscanas que vinieron a América en el siglo XVI. También perteneció a la orden tercera Catalina Bustamante, fundadora de la primera escuela para niñas indias.
Exisiteron en varias ciudades de la Nueva España colegios para niñas peninsulares y criollas, a quienes se enseñaba a leer y escribir, y desde luego estaban los conventos, a los cuales ingresaban, desde muy temprana edad jovencitas criollas, indígenas o mestizas.
Hay que decirlo, aunque parezca obvio: la labor educacional de las mujeres y para las mujeres de la Nueva España no se llevó a cabo principal, ni menos exclusivamente en escuelas y conventos, sino sobre todo en los hogares, y estuvo a cargo de educadoras que no por estar ausentes de los libros de historia son menos importantes ni fueron menos dedicadas: las propias mujeres, en cada uno de los hogares del reino. Y fueron nada menos que ellas también quienes educaron durante los primeros cruciales años de la vida a los hombres novohispanos.
María Ignacia de Azlor y Echevers, rica mujer criolla de la segunda mitad del siglo XVII, ingresó a la Compañía de María principalmente con el interés de fundar en México un colegio para niñas, al cual se conoció con el nombre de Colegio del Pilar y Enseñanza de México. El edificio, muy hermoso, por cierto, todavía está en pie, en la calle de Donceles número 104. Desde luego que no fue éste el primer colegio de niñas en la Nueva España, pero sí un valioso aporte a la educación femenina, en pleno Siglo de las Luces y el inicio de un esfuerzo sistemático en esa dirección. La Compañía de María fundó escuelas también en otras ciudades del virreinato.
La Universidad.
Aunque toca a la Universidad de Santo Tomás de Aquino en la ciudad de Santo Domingo de Guzmán en la isla La Española (28 de octubre de 1538) ser la primera de América y a la Universidad de San Marcos en la ciudad de Lima, Perú (12 de mayo de 1551) la primera del continente. La Real y Pontificia Universidad de México fue fundada muy poco después (21 de septiembre de 1551).
La Universidad fue nido y sede del saber y de la vida estudiantil y académica durante los años del virreinato, pero no fue la primera ni la única. Antes de ella existieron en la Nueva España importantes centros de estudio, varios de los cuales fueron semilleros de clérigos sólidamente preparados y más tarde, transformados, cedieron la estafeta a instituciones civiles y universitarias que con razón se sienten descendientes de aquellos.
Al abanico de instituciones más o menos evolucionadas que encontró cuando llegó al reemplazo de los Hapsburgo, la monarquía borbónica del siglo XVIII se encargó de añadir nuevos establecimientos educativos, como la Real Academia de San Carlos (1783) para el cultivo de las artes y el Real Seminario de Minería (1792) para el impulso de la técnica y la ciencia aplicada.
El estudio del surgimiento y evolución de las instituciones de educación superior e investigación es en sí un tema que requeriría un estudio aparte y que presenta sus propias complicaciones. Por ello, no intento profundizar más en ello.
____________________________
1. Álvarez, Cristina. Diccionario Etnolingüístico del Idioma Maya Yucateco Colonial. 1997. UNAM. México. p. 429.
2. Mediz Bolio, Antonio. Libro del Chilam Balam de Chumayel: traducción del maya al castellano. Segunda Edición. 1998. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México. p. 59.
3. http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglLA/Paulo3_sublimis.htm (Consultado el 23 de abril de 2009).
4. http://es.wikipedia.org/wiki/Virrey_de_la_Nueva_España (Consultado el 26 de abril de 2009).
5. No se cometa el error de dar igual significado a las palabras colegio y escuela. Colegio en su sentido amplio significa un conjunto de personas que trabajan unidas para un mismo fin. Escuela ha significado más bien un centro de enseñanza. Ambos conceptos han ido evolucionando a través de los siglos.
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